Composición del tabaco
Un arma de doble
filo
Como hemos visto, fumar es un complejo
patrón de conductas determinado por múltiples causas. Pero
su fin último es proporcionar al organismo el "beneficio" de
los efectos de una de las sustancias que componen el tabaco
(la nicotina), para satisfacer y dar placer, y para evitar
los síntomas desagradables que ocasiona en el cuerpo
intoxicado su privación. Pero fumando no sólo se "regala" al
cuerpo con nicotina, sino también con más de 4.000
sustancias tóxicas conocidas, propias del tabaco o
introducidas en su proceso de adulteración industrial.
El tabaco contiene más de 4.000 tóxicos
Aún no se conocen todos los componentes
originarios de la planta del tabaco, ni tampoco todos los
que se forman y transforman cuando se quema y se origina el
humo del tabaco. Sin embargo, además de la nicotina, los
resultados de la exhaustiva investigación científica
realizada hasta ahora confirman que el humo del cigarrillo
combina tanto gases tóxicos (monóxido de carbono, hidrógeno,
cianuro y óxidos nitrosos y sulfúricos) como alquitranes, y
contiene más de 4.000 sustancias químicas conocidas y
altamente tóxicas diferentes, de las cuales algunas deben su
introducción a los actuales procesos de cultivo y posterior
elaboración industrial del tabaco.
Tanto las compañías tabaqueras como las
organizaciones científicas y sanitarias (aunque por
distintas razones y finalidad) han desarrollado durante el
siglo XX una intensa labor de investigación sobre la
naturaleza del tabaco y su acción sobre el organismo humano.
Los resultados son concluyentes. Y segura y desgraciadamente
las nuevas investigaciones no harán sino aportar más datos
que añadirán nuevos peligros al consumo de tabaco y
revelarán la existencia de muchas otras sustancias
perjudiciales para la salud contenidas en él.
Dos tipos de humo diferentes, pero ambos
muy perjudiciales
En el proceso de combustión del tabaco se
origina el humo del tabaco. Pero de éste debemos distinguir
dos tipos: el humo ingerido por el fumador (al que se le
llama la "corriente principal", y que constituye el 25% del
humo) y el producido por la combustión espontánea del
cigarrillo entre las diversas caladas y el exhalado por el
fumador (la "corriente secundaria", el restante 75%). Es
decir, el humo inhalado con las calados y el humo ambiental.
El humo de la corriente principal es el
responsable de los problemas que fumar ocasiona en la salud
del fumador.
El humo de la corriente secundaria es el
que origina todo el conjunto de enfermedades que puede
llegar a padecer la persona no fumadora que está en contacto
con el humo del tabaco, ya que en él se encuentran muchos de
los componentes tóxicos del humo que se traga el fumador, y
además en concentraciones mayores.
La nicotina: tóxica y muy adictiva
Aunque en su forma líquida (concentrada)
la nicotina es un veneno fulminante a muy bajas dosis que se
emplea como plaguicida, cuando se absorbe por los
procedimientos más habituales como son la inhalación (fumar
o esnifar rapé), masticación (tabaco de mascar, chicles) y
absorción a través de la piel (parches) no alcanza niveles
tan inmediatamente mortales, aunque sí ocasiona graves
trastornos y riesgos para la salud de la persona.
Pero es fumando como normalmente se acaba
absorbiendo nicotina y también la forma que potencia más sus
efectos.
Gran poder adictivo
El poder de la nicotina de estimular el
sistema encargado de regular las sensaciones de placer en
nuestro organismo es el que va a resultar más definitivo, ya
que creará una necesidad natural y fisiológica por esta
sustancia y, en poco tiempo, la dependencia física del
tabaco. Y, por si fuera poco, también origina otras
reacciones físicas que nos llevarán a consumirlo. Entre
ellas, cabe destacar su capacidad para estimular y aplacar
(despierta cuando se tiene sueño y calma los nervios cuando
se está irritado), y para aumentar la atención y facilitar
la memoria. Síntomas que, sin embargo y a la larga, tienen
más que ver con los efectos que provoca una "dosis"
insuficiente que no con las propiedades reales de la
nicotina para potenciar estas capacidades.
El peor de todos los efectos de la
nicotina que se inhala cuando se fuma es su poder adictivo,
ya que es un factor decisivo para que se necesite y se
mantenga el consumo de tabaco, incluso si se desea dejarlo.
Por otra parte, sus efectos sobre los
sistemas del cuerpo encargados del "consumo" también le
otorgan parte de sus falsamente "efectos benéficos", ya que
provoca un mayor consumo de calorías (alrededor de 200
kilocalorías más al día), que, sin embargo, no provoca un
mayor apetito en la persona fumadora, lo que ha llevado a
que se considere erróneamente al tabaco como "adelgazante",
uno de los grandes motivos para que muchas personas empiecen
a "fumar o no se decidan a dejado.
Un potente tóxico
Pero junto a todos estos efectos, la
nicotina también causa daños y trastornos perjudiciales en
nuestra salud física, ya que eleva el ritmo cardíaco y la
tensión arterial (lo que origina riesgos de acabar
padeciendo una enfermedad cardiocirculatoria), disminuye la
temperatura corporal al contraer las venas y arterias más
superficiales (lo que da lugar a frialdad y palidez de la
piel), inflama la mucosa gástrica, produce acidez, mal sabor
de boca, ulceraciones, vómitos, náuseas, diarreas e
hipersalivación, altera la producción de hormonas
relacionadas con el crecimiento, acelera la menopausia en
las mujeres y afecta a la renovación de las células del
cuerpo y la secreción de leche en las madres lactantes.
La composición del humo del tabaco es un
cóctel explosivo de sustancias tóxicas propias del tabaco y
de su proceso de fabricación que comportan graves riesgos
para la salud y que han convertido el fumar en la primera
causa de muerte evitable del planeta.
De la hoja al humo y al cuerpo
El proceso por el que la nicotina
contenida en el tabaco pasa al humo del cigarrillo es el
siguiente: cuando un fumador da una calada a un cigarrillo
se produce una entrada de aire en la parte encendida que
genera una combustión a 900 ° C de las briznas de tabaco y
el papel. Esto hace que la nicotina de las hojas del tabaco
(que es soluble en agua) se mezcle en el humo con el vapor
generado por el calentamiento del agua contenida en el
propio tabaco y en el aire aspirado.
Un fumador suele absorber un 10% del total
de nicotina de su cigarrillo, sustancia que está presente en
un valor que oscila entre el 2 y el 7 % de la composición
total del pitillo. Y esta nicotina, una vez se ha enfriado y
solidificado, y gracias a su gran capacidad para diluirse en
los líquidos y disolverse en los tejidos orgánicos, se
difunde por todo el organismo: desde los pulmones pasa a la
circulación sanguínea, que la transporta por todo el cuerpo.
El síndrome de abstinencia de los
fumadores
La nicotina sobre los centros cerebrales
que regulan nuestras sensaciones placenteras. El fumador se
acostumbra rápidamente a que su cerebro se estimule
continuamente por ella, y cuando deja de consumir tabaco la
ausencia de esta potente drogra adictiva le provoca el
"síndrome de abstinencia de la nicotina", cuyas
manifestaciones más típicas so una son una serie de síntomas
como el deseo imperioso de volver a fumar, la ansiedad, la
irritabilidad, la somnolencia, un aumento del apetito,
estreñimiento, dificultad de concentración, y otros
trastornos del sueño, etcétera.
Todos estos síntomas aparecen tan sólo a
las 4 o 5 horas de haber consumido el último cigarrillo, y
se hacen muy intensos durante los 3 a 10 días posteriores a
haber dejado de fumar.
A partir de entonces cada vez son de menor
intensidad y más llevaderos, y llegan a desaparecer a partir
de las seis u ocho primeras semanas después de abandonar el
tabaco.
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